Reconocernos en el cambio

Ana Paula Muñoz
July 27, 2020

Uno de los grandes retos de la reconfiguración política de nuestros tiempos es entendernos como parte activa de los procesos sociales, ya sean estos procesos en los que nos involucramos democráticos, comunitarios, antiracistas, antifascistas, antipatriarcales, interculturales o cualquier otro, lo que se busca desde la perspectiva de derechos humanos es modificar la realidad actual para transitar a una en donde la normalidad se componga de más derechos y menos privilegios. 

Si bien es cierto que la participación de movimientos en pro de los derechos humanos es siempre positiva me refiero a esta práctica de involucrarnos como un reto cuando se encuentra con el sueño inalcanzable de congruencia permanente, algo que desesperadamente intentamos construir en medio de un mundo cada vez más lleno de complejidades que no sabemos aún cómo enfrentar y que puede que nunca sepamos a ciencia cierta cómo hacerlo.

La congruencia permanente funciona de maneras distintas para diversos grupos de personas, para algunos es un ideal que se busca alcanzar, sin embargo, entienden que su obtención es complicada. Pero, para otros es una obligación fija de todos aquellos que se atreven a cuestionar el statu quo, volviéndose entonces una vara moral con la que se mide a las personas para determinar la validez o invalidez de sus acciones de activismo; como si no se pudiera criticar al sistema si se existe dentro del mismo, como si solo hubiera una opción binaria entre adaptarse o abandonar la sociedad en la que existimos.

Nadie está exento de equivocarse, no importa cuánto imponga la cultura del siglo XXI la perfección de la conciencia social, pero ello no es excusa para negarnos a reconocer cuando nos equivocamos; no es excusa para desentendernos del problema, para fingir que no somos parte del sistema; cuando en realidad somos una parte clave para pugnar por la mejora o revolución del mismo.

En palabras más simples creo que si bien es importante entendernos como parte de un sistema en el que la individualidad no logrará el cambio, existe una cierta responsabilidad humana en frenar las conductas enseñadas por el sistema, pero ejercidas desde el poder individual. Hacer el cambio cuando podamos, hablar cuando haya injusticias y buscar disminuir la prevalencia de las diferentes violencias en nuestros espacios; lo anterior, sin exigirnos la perfección en cada paso pero manteniéndonos abiertos a escuchar a otros, a mejorar y continuar deconstruyéndonos.

 Al final del día, puede que no se solucionen todos los problemas sociales respondiéndole a un acosador, enfrentando a un racista, defendiendo de un ataque homofóbico o incluso tomando una bici, pero creo que es un primer paso para el cambio. Un paso que en sí mismo no soluciona las problemáticas globales, pero nos invita a repensar el cómo entendemos el mundo. Un paso que tal vez un día nos lleve a crear espacios de resistencia y transformación del sistema. 

El cambio no está en uno mismo, pero difícilmente podrá existir sin nosotros.

Ana Paula Muñoz
Joven activista de movilidad y género. Futura abogada y politóloga en formación; especializada en estrategias de creación e implementación de proyectos de innovación social y desarrollo de políticas públicas.